Isabel Garrido Gómez
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Claves para educar en igualdad a mujeres y hombres dentro de los estudios universitarios de Derecho

 1. CONSIDERACIONES PREVIAS

 En este trabajo pretendo dar cuenta de que es preciso avanzar en la igualdad entre mujeres y hombres tomando como punto de referencia la educación. Muchas pueden ser las normas que se aprueben y muchos los instrumentos articulados para su garantía, pero tal igualdad ha de asimilarse desde temprana edad en el seno de la propia familia y en los centros educativos, siguiéndose en el ámbito universitario. Con este propósito, elaboramos una serie de ideas clave que nos permitirán avanzar sobre seguro en este empeño dentro de los estudios de educación superior.

 La corrección en el ámbito de los derechos de la mujer se produce porque hay una toma de conciencia de que existen colectivos que están en desigualdad de condiciones y no pueden valerse por sí mismos. En los casos señalados, lo que sucede es que la igualdad que venía reivindicándose hasta comienzos del siglo XX, sin hacerse relevantes jurídicamente una serie de factores, se ha demandado en relación con esas diferencias como derecho a un tratamiento distinto. Las diferencias han de constituir un valorjurídico-político que tiene la utilidad de identificar a los seres humanos en contextos que no son iguales, pero que para compatibilizarlos con la igualdad son menesteres unos principios y valores comunes que aúnen las diferencias[1].

En el sentido señalado, se aprecia que la igualdad jurídica no tiene en cuenta las circunstancias que concurren en los sujetos. El objetivo valorado en un inicio era romper con los privilegios y las desigualdades, estableciéndose una  relación  con la generalidad y la abstracción de las leyes, y suponiendo un igual estatus jurídico en la legislación y en la aplicación de las normas al ser todos los individuos iguales en la titularidad y ejercicio de los derechos[2]. Aunque no hay que olvidar que, como indica Prieto Sanchís, entre la igualdad y la diferenciación se establece una cierta prioridad sobre la primera, fijándose una regla a seguir: “siempre existe alguna razón para la igualdad y, por lo tanto, esta debe postularse mientras que alguna desigualdad fáctica -que siempre existirá- no proporcione una razón que permita o que, valoradas las razones en pugna, imponga una regulación diferenciada”[3].

Así las cosas, es claro que, para establecer los casos en los que es admisible un trato desigual, son precisos criterios que rijan o, al menos, guíen esta valoración, consistiendo los citados criterios en el caso de los derechos de la mujer en la necesidad de superar una situación de desigualdad causada por razones de naturaleza cultural y social. Dentro de los movimientos feministas, analizo sus variantes, para llegar a la conclusión de que el feminismo implica dos clases de teorías. En un nivel, representa una teoría sobre la igualdad; en otro, simboliza una teoría en torno a la  objetividad  del  Derecho,  pero  en  ambos supuestos se plantea un desafío a las tesis clásicas de naturaleza política y jurídica que ha de reflejarse en el ámbito de la educación superior en los estudios de Derecho.

2. LA NECESIDAD DE EDUCAR EN IGUALDAD DE GÉNERO Y DE TRANSFORMAR LA ENSEÑANZA DEL DERECHO

El valor diferencial de los sexos posee una dimensión antropológica que se interpreta en los modelos de parentela y en el hecho universal de la codivisión sexual/ritual/familiar de los compañeros. La división sexual del trabajo ha sido un dispositivo para instituir un estado recíproco de dependencia, consonante con los principios de la maternidad y la menor fuerza física de las mujeres. La desiguadad jurídica entre el hombre y la mujer dentro del matrimonio se mantuvo a lo largo del siglo XiX, subordinandose esta al marido. En el Derecho común, el varón tenía que procurar el mantenimiento de la mujer y de la familia. Aquella estaba sometida al ius maritale siendo su tarea el cuidar del hombre y de los hijos, llevar la casa  educar a los niños. Con el matrimonio perdía la capacidad de disponer de su propiedad y de obligarse contractualmente, si no mediaba el consentimiento del cónyuge. Las Codificaciones consideraban al marido cabeza de familia, él era el que dirigía la comunidad conyugal y el que decidía los asuntos familiares. Exclusivamente en algunos Derecho europeos, entre los que sobresalen las Codificaciones del círculo alemán, se atribuían a la mujer ciertos derechos [4].  

Esta lucha ha hecho que el modelo de mujer tradicional haya cambiado. Ahora se ha redefinido un rol que ya no está orientado solo a la maternidad y a las faenas del hogar. Ha habido un cambio en el tipo de familia y una cierta incongruencia de estatus, conflicto de roles y ambig{uedad. Pues bien, con el cambio de la realidad reflejada los estudios de Derecho deben ocuparse de los problemas sociales ya que no hemos de olvidar que lo que él regula son las relaciones sociales, y no puede analizarse a sus espaldas. 

Además, lo dicho no ha de olvidar que la Ciencia del Derecho que se apoyaba en el individuo concreto que es sujeto de Derecho, y que a su vez es ciudadano y súbdito, ha sufrido grandes cambios. A mayor redundancia, el complejo de la globalización trae consigo conformidad y diferenciación, integración y fragmentación, codificación y desligitimación, formalismo e informalismo, ordenamiento jurídico estatal y órdenes normativos autónomos infranacionales, supranacionales y transnacionale, solo por poner algunos ejemplos. En consecuencia, ello ha incidido en la Ciencia y en las Ciencias jurídicas porque lo que comúnmente denominamos frontera de conocimiento es algo que no se puede defender a secas [5].  

A la postre, cuando B. de Sousa Santos[6] habla de sentido común, la remisión se hace a formas de conocimiento que los individuos y las comunidades crean para poder dar sentido a sus prácticas. Con la complejidad reinante, hay incoherencias, falta de plenitud, antinomias y lagunas, pero estos problemas son connaturales al mismo Derecho, lo nuevo es, como dice Ferrajoli[7], la crisis del esquema positivista tradicional de la Ciencia y del conocimiento jurídico. Eso hace que la Ciencia del Derecho haya de ser eminentemente crítica y proyectiva, habiendo de abordarse una tarea científica y política en el descubrimiento de las antinomias y las lagunas, proponiendo desde dentro las correcciones previstas por las técnicas garantistas de que dispone el ordenamiento, o elaborando o sugiriendo desde fuera nuevas formas de garantía aptas para reforzar las herramientas de autocorrección.

Más concisamente, conforme a este planteamiento de la Ciencia del Derecho es preciso que los caracteres del ordenamiento jurídico lleven a cabo su función de manera que la coherencia “se persiga a través de la crítica interna del Derecho vigente, dirigida a exigir la anulación de las normas inválidas”; que la plenitud “demande la identificación de los incumplimientos del ordenamiento y, por tanto, el diseño de garantías idóneas para impedirlos”; y que la unidad “requiera la elaboración de un constitucionalismo mundial idóneo para restaurar una jerarquía mínimamente cierta y racional de las fuentes en el cuadro de la unidad del ordenamiento internacional”[8].

En esta línea, la Ciencia jurídica, que ha preservado un aparato conceptual de tipo paleoliberal, no se preocupa con la globalización de la construcción de una teoría de las garantías y una Ciencia de las Constituciones a la altura de las instancias de tutela expresadas por los nuevos y viejos derechos. La Ciencia jurídica no ha incidido en la creación de un constitucionalismo del Derecho privado que imponga límites y garantías frente al abuso de poder de las potestades económicas. Y si nos situamos en la esfera pública, se aprecia que tampoco la Ciencia jurídica ha elaborado garantías apopiadas para los derechos políticos y sociales, fuera de las grantías penales y procesales que protegen los derechos de libertad [9]. 

Pero, más definidamente, ¿cómo es la progresión de la crítica jurídica? La tesis clave es que el paradigma científico precisa adecuarse a la integración entre la Dogmática, la Sociología y la Política jurídica, fuera de la metafísica y la racioanalidad idealista [10]. El estudio del Derecho se debe combinar con estudios de naturaleza económica, política, sociológica, antropológica o psicológica, realizándose la crítica mediante el empleo de disciplinas muy variadas como la Antropología, la Filosofía, la Ética, la Parapsicología, la Historiografía o la Crítica literaria. En este plano, se debe subrayar la trascendencia que ha adquirido la Ciencia jurídica como paradigma crítico de los problemas de la ambigüedad y la indeterminación del lenguaje jurídico. 

En vista de todo esto, tienen gran interés los estudios relacionados con la comprensión integrada de los aspectos de su producción, tales como la planificación y el procesamiento de las experiencias, la determinación de cuál es el campo temático, la definición de los instrumentos de investigación, cuantificación y transcripción de los resultados, la elaboración de teorías o los debates académicos en relación con las conclusiones [11].  Podemos decir que el conocimiento formal o abstracto es el propio de las Ciencias formales  o abstractas; sin embargo, el conocimiento factual o empírico el que corresponde a las Ciencias factuales o empíricas. Desde estas coordenadas, los enunciados de las Ciencias abstractas son analíticos y verdaderos de manera completa y definitiva, aparte de que no son ampliativos de nuestro conocimiento [12].   

3. CLAVES DE ESTA CLASE DE EDUCACIÓN EN LOS ESTUDIOS SUPERIORES DE DERECHO 

            3.1. No hay una clase única de feminismo sino varias

            a) El feminismo liberal y el radical

Se advierte que hay muchas clases de feminismo, los cuales se van desenvolviendo al compás de la historia. El feminismo liberal se comenzó a desarrollar durante la década de los años cincuenta y se extendió por las de los sesenta y setenta, consistente en la demanda de que nadie fuera juzgado o discriminado en función de su propio sexo. Y, paulatinamente, se produjo un cambio de dirección en la que lo que se propugnaba era erradicar la subordinación de la mujer como grupo. En la actualidad, podemos afirmar que al feminismo le preocupan, en esencia, las jerarquías, comprendiendo la igualdad según la antisubordinación. Pretende la supresión de barreras legales que impiden a las mujeres su ingreso en el espacio público. Sus exigencias parten de una separación entre lo privado y lo público para conseguir la libertad individual, entendiendo que los poderes públicos han de actuar únicamente como árbitros, denominándose este tipo de libertad negativa. La citada incorporación de las mujeres a la vida pública pasa por el ingreso de los hombres a la vida privada, debiéndose establecer una igualdad de oportunidades y la eliminación de discriminaciones, si bien queda claro que la igualdad se hace cada vez más compleja para el feminismo[13].

 Por su parte, el feminismo radical plantea que la dominación y opresión de las mujeres es una consecuencia del dominio que ejercen los hombres en todas las esferas de la vida. Este movimiento se extiende desde los años 1967 al 1975, y desenvuelve aspectos propios del feminismo liberal y del socialista[14].

 b) El feminismo crítico

El feminismo crítico tiene su origen en los trabajos primeros de Simone de Beauvoir (The Second Sex) y V. Wolf (A Room of One´s Own). Los estudios sobre las mujeres es la parte académica del movimiento feminista. Éstos deben referirse a tres cuestiones, al tema de la mujer propiamente dicho; al de la discriminación sexual en la educación a todos los niveles, desde el tema de los niños de preescolar hasta los estudios postdoctorales; y la integración del activismo feminista con el pensamiento feminista[15].

 La Feminist Jurisprudence, o conjunto de teorías feministas anglosajonas sobre el Derecho, se bifurca en dos teorías: la de la simetría y la de la diferencia[16]. Dentro de estas teorías se pueden distinguir los estudios que pretenden alcanzar la igualdad formal, supuesto en el que se pretende la aplicación por igual de los derechos legales. Los métodos propugnados son los de la imparcialidad del Derecho y el modelo neutro. La segunda corriente es la que se refiere a “la masculinidad del Derecho” como visón de las normas jurídicas vigentes que plasman y reproducen un tipo de realidad en el que todo lo masculino se impone, este análisis conduce a exigir un Derecho nuevo para las mujeres. Por lo que respecta a un tercer núcleo, las relaciones Derecho positivo-orden patriarcal son complejas y variables, divisándose claramente que las normas marcan una diferenciación de los sexos a la hora de regular las materias, y subrayándose las grandes limitaciones que poseen las políticas basadas en reivindicaciones legales[17].

 c) Teorías de la diferencia sexual

Por último, hay que citar las teorías de la diferencia sexual que se centran en la idea del “sujeto universal”, del “contrato social teóricamente asexuado, y que en la práctica resulta sexuado de forma masculina”. La diferencia sexual se identifica con la función reproductiva en la sociedad, los afectos, etc., campos en los que no es aplicable la igualdad. Lo cual explica que esta diferenciación sea la causa de la lucha por la igualdad social, y que a raíz de ella haya una redefinición de lo político[18].

 Desde un punto de vista amplio, y profundizando en lo que hasta ahora se ha expuesto, el feminismo se desarrolla conforme al paradigma de la igualdad con los hombres, y con arreglo al paradigma de la identidad. El tratamiento jurídico de la mujer se ha llevado a cabo como una cuestión de minorías, pero dadas las características de su problemática se han abordado técnicas específicas cimentadas en los aspectos que se muestran como más sensibles o que, en el peor de los casos, no tienen ninguna clase de garantía. A esto es a lo que llamamos especificación[19].

 El feminismo comienza por la petición de la igualdad formal, de la igualdad ante el Derecho con respecto a los hombres. Pero, posteriormente, se aprecia que esta clase de igualdad sólo es positiva cuando hay una situación simétrica real entre las partes de la relación, aportándose como relación el que se efectúe “un tratamiento diferente para cada sexo y para el enfrentamiento radical con el principio de igualdad formal”.

 Detrás de la teoría sobre el feminismo hay una teoría sobre la igualdad[20] que tiene el objetivo de terminar con la opresión a la que se han visto y ven sometidas las mujeres en la sociedad, si bien aquí hay que distinguir entre el feminismo de la diferenciación y el de la igualdad, porque las cuestiones observadas como relevantes no son las mismas, amén de las vías de análisis utilizadas y de lo que se pretende demostrar[21].

3.2. Cómo tratar la igualdad de género y superar la igualdad de formal

 La igualdad jurídica es indispensable para adquirir la real en un sentido negativo, dado que la concurrencia de discriminaciones legales limita los logros planteados a la par que, en un significado positivo, se permite acudir a los tribunales para contrarrestar la discriminación. Mas, como se advierte con facilidad, la igualdad formal no es suficiente, se requiere la aplicación efectiva de normas que guarden las esferas vulnerables, de modo que el principio de igualación social es un principio de compensación de las desigualdades que se plasma en la elevación o la promoción de las personas desfavorecidas, o en la limitación o disminución de la riqueza y del poder de las personas más favorecidas[22].

 En términos comparativos, la discriminación inversa es una clase de política de diferenciación para la igualdad que precisa de una normatividad desigualitaria y, diríamos, discriminatoria. Las situaciones en las que se dan destacan por ser de concurrencia y escasez, constatando que la acción positiva viene constituida por “los tratos formalmente desiguales que favorecen a determinados colectivos por poseer un rasgo diferenciador en común caracterizado por ser transparente e inmodificable y constituir cláusulas específicas de no discriminación”[23]. Así pues, no pueden aceptarse solamente las acciones basadas en la mera compensación quedando explicado que la justificación ha de ser tal que logre superar la fórmula de “a cada cual según sus capacidades”.

Por consiguiente, la corrección se produce porque hay una toma de conciencia de que existen colectividades que están en desigualdad de condiciones y que no pueden valerse por sí mismas. La especificación técnicamente hablando tiene como destinatarios a estos colectivos desiguales debido a causas culturales, como las mujeres; físicas, psíquicas o sensoriales, como los discapacitados; de edad, como los niños y los ancianos; económicas, como los consumidores; de sujeción especial, como los soldados o los presos; o de salud, como los enfermos. En relación con la cláusula abierta que establece el artículo 14 de la CE, hay que decir que los grupos sobre los que se ha planteado han sido los niños y ancianos, los homosexuales, los discapacitados, los pacientes, los pobres o las minorías culturales[24].

Según lo indicado, la voz discriminación ha venido siendo usada tradicionalmente como negación de la igualdad básica de los seres humanos. Con esta valoración, la acción de discriminar no es cualquier diferenciación neutralmente hablando, de forma que la vulneración del principio de igualdad produce una discriminación desde el punto de vista amplio y la prohibición de discriminar surge estrictamente con referencia a algunas de las causas indicadas en el artículo 14 de la CE. No obstante, las prohibiciones en sentido estricto tienen un efecto negativo, la prohibición absoluta de cualquier trato jurídico diferenciado y perjudicial por pertenecer al colectivo en el que recae la discriminación; y otro positivo, referido a la licitud de acciones positivas que los apoyan[25]. La conversión de lo que son las discriminaciones estrictas a las desigualdades ante la ley no se pueden considerar como un salto cualitativo e inabarcable, de manera que las cláusulas antidiscriminatorias no son esencializables. Puede haber discriminaciones justificadas[26].

 Desde esta posición, la discriminación en su vertiente restringida no quiere decir simplemente desigualdad, aunque sea injusta, sino que es un tipo particular de desigualdad. Esto es, la caracterizada por “la naturaleza generalmente odiosa del prejuicio social descalificatorio, que tiende a tomar como objeto de persecución un rasgo físico o cuasifísico hasta afectar de manera gravísimamente injusta a la dignidad y, por tanto, a la igualdad más básica de los portadores de tal rasgo”[27]. A su vez, la discriminación puede ser directa e indirecta, la directa aparece cuando hay un tratamiento favorable, careciendo de justificación racional y realizándose explícitamente sobre el soporte del criterio que define el tipo de persona que resulta discriminada. La indirecta, sin embargo, es la que hace abstracción de las diferencias y, puesto que aplica criterios neutros para el establecimiento de un tratamiento igualitario, produce efectos que se entienden como desfavorables, perjudiciales o discriminatorios en unos sujetos frente a otros[28].

 No obstante, no hay que tener en cuenta solamente el punto de partida que es peyorativo por las razones expuestas, sino que hay que evaluar también las consecuencias producidas. Mientras que en la clásica igualdad de trato formal se hace hincapié en el momento previo, en la discriminación lo central es el momento final, siendo ésta la causa por la que se habla de igualdad de trato y de oportunidades. Con las discriminaciones que se prohíben se intenta impedir la existencia de víctimas que han sido tratadas de forma desfavorable continuada y sistemáticamente. Las discriminaciones prohibidas presuponen cierta sistematicidad, producto de una regla jurídica que trata de forma diferente lo que hace la regla que se pudiera estimar standard, o social, es decir, que hablamos de un problema jurídico, pero estamos ante un fenómeno social en la mayoría de las ocasiones sin que interese en exclusividad el punto de partida porque el resultado es básico. Por otra parte, las razones que aparecen en el artículo 14 de la CE pueden ser de naturaleza biológica, a título ilustrativo, el nacimiento, la raza, el sexo, o la condición o circunstancia personal. Aunque es posible que prime la elección humana en la religión, la opinión y algún tipo de condición o circunstancia social, en este último grupo, además, se encuentran afectados derechos y libertades. Tales causas tienen un punto de unión que se debe a su relatividad interpretativa y ofrecen posibilidades muy amplias, al igual que ocurre con las formas de operar en la práctica por estar firmemente fundadas en la sociedad[29].

 

4. CONCLUSIONES

Conforme a lo dicho, la educación universitaria ha de entenderse dentro de un contexto social, abierta a los problemas que en la realidad circundante existen y habrá estar dirigida a realizar los siguientes aspectos: a) Dar una visión global del Derecho, compuesta por tres aspectos: uno estructural, que comprende sus elementos integrantes; otro funcional referente a sus fines; y un tercero valorativo, relativo a cómo debería ser el Derecho; b) mostrar conceptos y cuestiones centrales, realizando una síntesis de los temas más importantes que requieren atención en cada una de las áreas especificadas, valiéndose de valores filosóficos, sociológicos, históricos y técnicos; c) estudiar lo que la Ciencia jurídica es y sus múltiples clasificaciones, estimando la cientificidad del Derecho y su actividad intelectual, así como la situación actual de los saberes jurídicos expuestos, contenido y relación que guardan entre sí; y d) discutir los problemas de la técnica jurídica, capítulo en el que se pone de manifiesto la vocación del Derecho a incorporarse a la vida social, sin olvidar la íntima conexión que existe entre la teoría y la práctica.

Desde estas perspectivas, no debemos olvidar que la enseñanza-aprendizaje sobre el posicionamiento mujer-hombre en las sociedades contemporáneas ha de ver que el feminismo implica dos clases de teorías. En un primer nivel, representa una teoría sobre la igualdad; en otro, simboliza una teoría en torno a la objetividad del Derecho. En los dos casos lo que supone el feminismo es un desafío a las tradiciones políticas y jurídicas. A través del pensamiento legal, la dominación de lo masculino se realiza para que parezca un rasgo de la vida, no una construcción impuesta por la fuerza y unilateralmente para que se beneficie el grupo dominante.

El Derecho, desde una perspectiva masculina, combina la coerción con la autoridad, extendiéndose el poder social del hombre sobre la mujer como parte de la comunidad, ignorantes del interés de supervivencia de las mujeres en la materia. En contraste, el método feminista adopta el punto de vista de la desigualdad de la mujer con el hombre, ya que la igualdad comprendida sustantivamente, más que abstractamente, es definida como propiamente femenina y en términos de la experiencia concreta de las mujeres. Es lo que las mujeres más necesitan en el ámbito social[30].

En este sentido, observamos que las claves de las reflexiones llevadas a cabo habrán de situarse entre distintas coordenadas, a saber, mientras Rawls, Ackerman y Kymlicka buscan una definición de lo político en el desarrollo del feminismo, por su parte, Minow y Young defienden la combinación de un principio de igualdad y las diferencias existentes entre los grupos sociales para obtener una menor opresión o eliminarla. En resumen, los problemas que estos temas advierten los resume E. Bodelón en los siguiente puntos: La posibilidad de que las políticas puedan tener como resultado el aumento de la exclusión y reforzar ciertos estereotipos que subyacían desde un principio en la base de los citados grupos. Y el hecho de que la reivindicación de la diferencia y de la exigencia de derechos específicos tenga su origen en principios comunitaristas[31].

                       

 



[1] McGLYNN, C., Families and the European Union. Law, Politics and Pluralism, Cambridge University Press, Nueva York, 2006, pp. 1 y ss.; PECES-BARBA MARTÍNEZ, G., con la colaboración de Asís Roig, R. de, Fernández Liesa, C. R. y Llamas Cascón, Á., Curso de derechos fundamentales. Teoría general, Universidad Carlos III de Madrid-Boletín Oficial del Estado, Madrid, 1999, pp. 180 y ss.

[2] ASÍS ROIG, R. de, “La igualdad en el discurso de los derechos”, en LÓPEZ    GARCÍA, J. A. y REAL ALCALÁ, A. (eds.), Los derechos: entre la ética, el poder y el Derecho, Universidad de Jaén-Dykinson, Madrid, 2000, p. 155.

[3] PRIETO SANCHÍS, L., “Igualdad y minorías”, Derechos y Libertades, nº 5, 1995, p. 119.

[4] COING, H., Derecho privado europeo, vol. I ("Derecho común europeo"), trad. de A. Pérez Martín, Fundación Cultural del Notariado, Madrid, 1996, pp. 381 y 388. 

[5] CALVO, M., Transformaciones del Estado y del Derecho, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2005, pp. 21 y ss.; FARIA, J. E., El Derecho en la economía globalizada, cit., p. 38; SQUELLA NARDUCCI, A., “¿Quedan preguntas para la Filosofía del Derecho en un mundo globalizado?”, en ESCAMILLA, M. y SAAVEDRA, M. (eds.), “Derecho y justicia en una sociedad global-Law and Justice in a Global Society”, Anales de la Cátedra Francisco Suárez, n.º 39, 2005, pp. 505-528.

[6] En especial, ver SANTOS, B. de Sousa, Sociología jurídica crítica. Para un nuevo sentido común en el Derecho, Para un nuevo sentido común en el Derecho, trad. de C. Martín, M. García Villegas, E. del Pozo, C. Morales de Setién, revisión de C. Lema Añón, Trotta, Madrid, 2009, pp. 100 y ss.; TWINING, W., Derecho y globalización, trad. de O. Guardiola-Rivera, C. Sandoval Villalba y D.E. López Medina, Universidad de los Andes-Facultad de Derecho, Bogotá, 2005, p. 220.

[7] FERRAJOLI, L., Derechos y garantías. La ley del más débil, trad. de P. Andrés Ibáñez y A. Greppi, Trotta, Madrid, 2016, p. 28; TWINING, W., “The Province of Jurisprudence Re-examined”, en DAUVERGNE, C. (ed.), Jurisprudence for an Interconnected Globe, Ashgate, Aldershot, 2003, pp. 13 y ss.

[8] FERRAJOLI, L., ibidem, p. 34. 

[9] FERRAJOLI, L., “El Estado constitucional de Derecho hoy”, trad. de P. Andrés Ibáñez, en CARBONELL, M. y VÁZQUEZ, R. (coords.), Poder, Derecho y corrupción, Siglo XXI Editores-Instituto Federal Electoral-Instituto Tecnológico Autónomo de México, México, 2003, pp. 154 y ss.

[10] ASEFF, L.M., “La teoría crítica en Argentina”, Doxa, n.º 21/II, 1998, p. 25.

[11] FARIA, J. E., El Derecho en la economía globalizada, trad. de C. Lema, Trotta, Madrid, 2004, p. 39, al referir la posición de KUHN, T., La estructura de las revoluciones científicas, trad. de A. Contín, Fondo de Cultura Económica, México, 2013; ROSEN, L., “Beyond Compare”, en LEGRAND, P. y MUNDAY, R. eds.), Comparative Legal Studies, Traditions and Transitions, Cambridge UniversityPress, Cambridge (Reino Unido), 2008, pp. 493 y ss.; TWINING, W., “Have Concepts, Will Travel. Analytical Jurisprudence in a Global Context”, International Journal of Law in Context, n.º 5, 2005, pp. 5-40.

[12] MORESO, J. J., “Ciencia jurídica y dualismo metodológico”, Anuario de Filosofía del Derecho, t. VII, 1990, pp. 292-294.

[13] BELTRÁN PEDREIRA, E., “Feminismo liberal, radical y socialista”, en  BELTRÁN, E. y MAQUIEIRA, V. (eds.), Feminismos. Debates teóricos contemporáneos, Alianza, Madrid, 2001, pp. 86 y ss.

[14] ÁLVAREZ, S., “Feminismo radical”, en BELTRÁN, E. y MAQUIEIRA,         V. (eds.), ibidem, pp. 104-107.

[15] STIMPSON, C. R., Where the Meanings Are. Feminism and Culture Spaces, Routledge, Nueva York, 1990, pp. 12 y 13. 

[16] Ibidem.

[17] BODELÓN, E., “La igualdad y el movimiento de mujeres: propuestas y metodología para el estudio de género”, Working Paper, Universidad Autónoma de Barcelona, n.º 148, 1998, pp. 3y ss.

[18] BODELÓN, E., “Pluralismo, derechos y desigualdades: una reflexión desde el género”, Derecho y Libertades, n.º 5, 1995, pp. 205 y 206.

[19] PECES-BARBA MARTÍNEZ, G., con la colaboración de Asís Roig, R. de, Fernández Liesa, C. R. y Llamas Cascón, Á., Curso de derechos fundamentales. Teoría general, cit., pp. 180 y ss.

[20] FISS, O. M., “¿Qué es el feminismo?”, Doxa, n.º 14, 1993, pp. 319 y ss.

[21] MESTRE, R., “Neus Campillo: El feminisme com a crítica”, Anuario de Filosofía del Derecho, t. XV, 1998, p. 339. Cfr. también LITTLETTON, C. A., “Reconstructing Sexual Equality”, BARTLETT, K. T. y KENNEDY, R. (comps.), Feminist Legal Theory. Readings in Law and Gender, Westview Press, Bouldu, San Francisco, Oxford, 1991. 

[22] Por ejemplo, el feminismo comienza por la petición de la igualdad formal, de la igualdad ante el Derecho con respecto a los hombres. Pero, posteriormente, comienza a verse que esta clase de igualdad sólo es positiva cuando hay una situación simétrica real entre las partes de la relación, efectuado “un tratamiento diferente para cada sexo y para el enfrentamiento radical con el principio de igualdad formal”. RUIZ MIGUEL, A., “La justicia como igualdad”, en HIERRO, L. y LAPORTA, F. J. (eds.) “La justicia en el Derecho privado y en el Derecho público” Anuario de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, n.º 2, 1998, pp. 131-144.  

[23] GIMÉNEZ GLÜCK, D., Una manifestación polémica del principio de igualdad. Acciones positivas moderadas y medidas de discriminación inversa, Tirant lo Blanch, Valencia, 1999, p. 64; RUIZ MIGUEL, A., “Discriminación inversa e igualdad”, en VALCÁRCEL, A. (comp.), El concepto de igualdad, Pablo Iglesias, Madrid, 1984, pp. 77-90.   

[24] COOPER, D., Challenging Diversity. Rethinking Equality and the Value of Difference, Cambridge University Press, Cambridge (Reino Unido), 2004, pp. 191 y ss.;   GIMÉNEZ GLÜCK, D., Juicio de igualdad y Tribunal Constitucional, Bosch, Madrid, 2004, pp. 236. Aquí es donde radica la contradicción con el liberalismo, pues éste entiende que los sujetos merecen un trato igual prescindiendo del grupo al que pertenezcan.

[25] BILBAO UBILLOS, J. M. y REY MARTÍNEZ, F., “El principio constitucional de igualdad en la jurisprudencia española”, en CARBONELL, M. (comp.), El principio constitucional de igualdad. Lecturas de introducción, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, México, D.F., 2003, pp. 112 y 113; GUIBOURG, R., “Igualdad y discriminación”, Doxa, n.º 19, 1996, pp. 87-90; SCHUTTER, O. de, Discriminations et marché du travail. Liberté et égalité dans les rapports d´emploi, P. Lang, Bruselas, 2001, pp. 40 y ss.   

[26] MARTÍNEZ GARCÍA, J. I., “El principio de igualdad y la producción de diferencias en el Derecho”, en VARIOS AUTORES, XI Jornadas de Estudio de la Dirección General del Servicio Jurídico del Estado sobre El principio de igualdad en la Constitución española, vol. 1, Ministerio de Justicia, Madrid,1991, pp. 541 y ss.; RUIZ MIGUEL, A., “La igualdad en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional”, en GARCÍA SAN MIGUEL, L. (ed.), El principio de igualdad, Universidad de Alcalá-Dykinson, Madrid, 2000, pp. 168 y ss.

[27] RUIZ MIGUEL, A., ibidem, pp. 160 y 161.

[28] BARRÈRE UNZUETA, M. Á., Discriminación, Derecho antidiscriminatorio y acción positiva a favor de las mujeres, Civitas, Madrid, 1997, pp. 23 y ss.; LOENEN, T. y RODRÍGUEZ, P. R., Non-Discrimination Law. Comparative Perspectives, Kluwer Law International, La Haya-Londres-Boston, 1999, pp. 56 y ss.

[29] RODRÍGUEZ-PIÑERO, M. y FERNÁNDEZ LÓPEZ, M. F., Igualdad y discriminación, cit., pp. 162 y ss. Sobre esta cuestión, ver las diferentes opciones que se aportan en COHEN, M., NAGEL, T. y SCANLON, T. (eds.), Equality and Preferential Treatment, Princeton University Press, Princeton (Nueva Jersey), 1977; NOGUEIRA ALCALÁ, H., “El derecho a la igualdad ante la ley, la no discriminación y acciones positivas”, Anuario da Facultade de Dereito da Universidade da Coruña, n.º 10, 2006, pp. 799-832.

[30] Estas ideas son de MACKINNON., C. A., Toward a Feminist Theory of the State, Cambridge Mass., Cambridge (Mass.), 1991.  

[31] BODELÓN, E., “Pluralismo, derechos y desigualdades: una reflexión desde el género”, cit., pp. 205-209; MINOW, M., Making All the Difference, Ithaca, Cornell University Press, 1990; YOUNG, I. M., Justice and the Politics of Difference, Princeton University Press, Princeton (New Jersey), 1990.  

 

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